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martes, 2 de junio de 2015

De mesa auxiliar a banco de recibidor

     ¡Ya está! Acabado este banco que me ha hecho romperme la cabeza pero a la vez me ha supuesto una gran satisfacción. Con este trabajo he sentido que si quieres, puedes.

     Me regalaron esta mesa auxiliar para que hiciera con ella lo que se me ocurriera, y no se me ocurrió otra cosa nada más verla que, hacer un banco. Sin pensarlo la corté por la mitad.























     Una vez la hube cortado fue cuando me dije "¿ y ahora qué? ¿ qué hago contigo?". Porque cortar es muy fácil pero luego hay que unir las piezas...

     El caso es que conseguí unos paléts que fueron mi salvación, ya que dos de sus piezas encajaban a la perfección con lo que necesitaba.

     De verdad, hay veces que creando me da la sensación de que las cosas no son porque si.  Pareciera que ese trozo de madera, ese hierro, esa tabla, esa cuerda.... que tenías guardado hace tanto tiempo estuviera hecho para lo que estas haciendo, pues encaja a la perfección con la pieza que te hace falta en ese preciso instante.


     Como veis eran dos piezas pero una de ellas la corte por la mitad. Estas serían las patas.

     El cuerpo del banco ya estaba unido. Para ello utilicé unos tubillones y cola de carpintero. El resto de piezas: listones cruzados, patas y demás las reforcé encolándolas ya que de por sí ya estaban sujetos con clavos.


   
     Corté los listones que harían de patas en "L" (los de las esquinas) y en "U" el central, de manera que apoyara sobre las patas. Y para los listones laterales cruzados un rebaje en las mismas para que quedaran encajados y sujetos. Luego fue colar y tirafondear.






     Me quedaba el asiento, y para ello utilizaría la tabla de la misma mesa que también había cortado por la mitad.


     

     Bien lijada quedó como nueva y con la dremel la desgasté dándole un efecto rústico, desgastado y antiguo. Para lograr el tono mezclé tinte de nogal y de roble los dos rebajados con agua. 
     Una vez seco lo lijé suavemente, lo barnicé y después con un trapo y betún de judea lo manché superficialmente.






     Las patas las lijé y pinté con esmalte acrílico mate, pero primero le di a todo una mano en marrón chocolate para unificar el tono y después tres capas de blanco.





     Seco ya, lo lijé por zonas para darle efecto desgastado y luego lo barnicé para protegerlo.


   

     Las patas delanteras las forré de la mitad hacia abajo con cuerda de cáñamo, lo que le dio un toque especial.




Los asientos los uní a las patas con cola y tirafondeados. Además, un listón de madera con el mismo tratamiento que los asientos haría el papel de respaldo mas decorativo que otra cosa. Y una vez barnizado todo otra vez, por fin tenía ese banco tan deseado... 




Que gusto me da poder enseñarlo, y que orgullosa estoy del resultado. 

Y a ti, ¿qué te parece? Comenta, comparte, haz lo que más te inspire al verlo. Gracias.